Cuando el pasado noviembre confirmaron la visita a nuestro país de KORN, me zambullí en un mar de recuerdos de mi adolescencia. No cabe duda que fueron un antes y un después en mi percepción musical, y eso que yo los descubrí bastante tarde. Tenía unos 15 años, y en un programa de radio local de “Los 40 Principales”, que, aunque no lo creáis era de ¡música rock!, comenzó a sonar el “groove” pegadizo de “Got The Life”. Ese tema cambió lo que yo entendía como rock y metal, y a pesar de que ni mucho menos se trata del mejor tema de la banda de California, para mi mente adolescente fue un detonante.  ¿Cómo pueden juntar un estilo como el rap, el metal, un Groove tan pegadizo y un headbanging brutal? Me quedé loco, vamos. Fui un auténtico fan de KORN durante los siguientes 5 años, teniendo como estandarte su tercer trabajo “Follón the Leader”. Me encantaba su producción, pasaba sus 11 cortes vacíos en mi reproductor y temas como “Justin” o “Seed” los repetía hasta la saciedad. Me hice de sus dos álbumes previos, no sin dificultad, ya que en el pueblo la tienda de discos me quería vender el de “The Corrs” cuando le pronunciaba el nombre de mi banda favorita. Pero pude conseguir su álbum debut, luego “Life is Peachy” con aquellos “Good God”, “Lowrider” o “Twist” …¡eran dioses!

Pero posteriormente ya sabemos lo que pasó, y a pesar de parecerme “Issues” un gran trabajo, e incluso “Untouchables” tiene algo…no sé si fue mi evolución lógica, el hartazgo del gran bombo del nu-metal, que los trabajos de su segunda etapa dejaron mucho que desear…el desencanto llegó y como primera novia decidimos ir cada uno por su camino.

 

Sin embargo, esa exnovia mía llamaba a mi puerta después de tanto tiempo, y llevaba un trabajo nuevo bajo el brazo que le quedaba muy bien la verdad. “The Serenity of Suffering” rescata muchas de las fórmulas que me encantaron en su momento, detalles en temas que dejan buen sabor de boca. Así que fui a visitarles.

HEAVEN SHALL BURN

La velada comenzaba con una más que mediocre afluencia que no tenían intención de ver los teloneros HELLYEAH, formación estadounidense que nos traen un metal americano con sabor a serie rancia. Es la banda que gustaría a JR de Dallas si escuchara metal. Lo que más nos llama de la banda sin duda es su formación, con el ya mítico Vinnie Paul a la percusión, teníamos ante nosotros a una leyenda viva. Acompañándoles en la formación parte de la ex banda MUDVAYNE, Chad Gray como frontman y Greg Tribbett a las cuerdas. No entiendo muy bien la pasión americana por esta banda, no creo que sean originales, ni virtuosos, quitando claro está al pater batería. Dieron un bolo de unos 45 minutos con poca gloria.

 

La siguiente banda traía algo más rotundo, un metal extremo alemán bastante entendible por el público europeo. HEAVEN SHALL BURN podría convertirse en la estrella de la noche, y creo que así fue. El miedo de que un mal sonido en este tipo de metal donde la velocidad puede convertirse en una bola estridente si no existe una buena calidad técnica fue disipándose desde los primeros acordes de “Hunters will be Hunted”, dando muy buenas impresiones a todo el personal. La sala Sant Jordi club pecó de amplio espacio, pero a pesar de no haber sido un lleno, se estaba bastante a gusto, y ese calor que empezaba a subir no agobiaba. El bolo nos dejó momentos como una interrupción en “Voice of the Voiceless” por parte de la banda tras el inicio de un pacífico y vegano “circle pit” para comprobar que uno de los asistentes que caía al suelo se encontraba en perfectas condiciones para continuar dándose de palos. La educación europea vamos.

Aproximadamente una hora de death metal melódico de altísima calidad con un cierre a la altura de cabeza de cartel mediante el tema “Endzeit”. Ya estábamos calientes.

 

Llegó el momento para los padres del nu-metal, los de Backersfield salían a escenario con un elevado bombo tanto en altura como en sonido, que en muchas ocasiones tapaba el resto de instrumentación, pero no dejó de ser una mera anécdota de lo que nos trajeron. Repasaron su trayectoria como realmente esperábamos, tocando los temas más emblemáticos. Jonathan Davis, “Munky”, “Head”, “Fieldy” y el batería Ray Luzier quien ya quedó como definitivo tras la marcha hace varios años de David Silveria por problemas internos, sorprendieron al público con sus característicos headbangings que tanto le aportaron a su trayectoria musical. Fórmula pegadiza que han sabido traer a su último trabajo, y que en temas como “Insane” y “Rotting in Vain” supieron plasmar en el escenario. De hecho, solo nos trajeron estos dos temas de su último álbum, para dejar pasar por el escenario “Somebody someone”, “Make me Bad” y otros clásicos. Como ya nos tenía acostumbrados, el señor Davis nos deleitó con un “Shoots & Ladders” a lo escocés o asturiano según se mire.

KORN

Kirk puesto, gaita bajo el brazo, y estridentes acordes que nos hicieron vibrar en el mítico tema, que juntó con el estribillo de “One” de Metallica. Si hay que olvidar algún tema es esa versión de “Word Up” que no hay quien la trague. Fue tras el solo de batería cuando Jonathan nos preguntaba si “estábamos preparados!!!” para saltar con “Blind”, un clásico donde los haya. Ya nos faltaba para acabar los esperpentos vocales en “Twist” que empalmó con el gran “Good God”.

Sinceramente, se nos hizo bastante corto, pero pudimos rememorar a una banda clásica a pesar de sus detractores dentro el panorama internacional del metal. Te ha podido gustar más o menos, pero no te ha dejado indiferentes.